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lunes, 16 de mayo de 2016

Dos hombres

En la barra del bar alguien me dijo:

«hay dos hombres dentro de mí ahora,
uno es verde y me empuja hacia el cielo,
canta con voz de vida y rocío sonriendo,
otro es azul y tira hacia abajo a deshoras,
llora con sus ojos cubiertos de caracolas,
ducha con whisky toda su piel de cieno.
El verde esparce su olor a bosque sincero,
el azul canta desgarrada su voz que implora».

«Cuando dejo que se pasen las horas,
el hueco que tengo dentro de desencuentro,
es llenado por uno u por otro dependiendo
de la concurrencia en tiendas de fe curiosa,
de los bichos que trague al abrir la boca,
de la energía que me roben los anhelos
y del latido con que grita la voz del sueño.
Y ambos ríen hasta que llega la aurora».

«Amigo,» le dije «por la voz que implora,
por los vericuertos que tomo si acierto,
por la vendimia de este robo incierto,
espere, que siempre cantará la alondra.
De estar libre de hombres ya llegará la hora,
cuando volar, ya no le dé miedo,
cuando no tenga que arrodillarse al fuego
y sufrir por los dedos tanta demora».

«Tras el hombre verde y el azul se esconden,
envueltos en sus mantos de pandemonio,
el resabio de una herida y un negro odio,
que no cicatrizan y le hacen deforme.
Cuídese mucho, amigo, pues le consumen,
de fuerzas vaya haciendo acopio,
derrote al monstruo y al demonio,
y, nunca deje que la herida le abrume».

Y, en silencio, abandoné la sala.

viernes, 18 de marzo de 2016

Poema automático



No siento nada me encuentro vacío
A veces intento escribir un poema o algo
Pero solamente encuentro resonares huecos en mi interior
Desaparecen las caras dentro de mi rostro
Mis ojos son dos títeres colgados de hilos
Hay una llave en mis orejas derritiendo la cera
Las flores están curvadas sobre mi césped
Hay una tristeza desnuda que me sigue a todas partes
Una nube como una oveja que negra se divierte
Hay un silencio en mi cabeza cuando no está el ruido
Hay ruido en mi silencio cuando no está mi cabeza
Cuando llega el ruido siempre aparece despierto
Golpeándome el pecho con un martillo
Picando mi carne y oculto tras sus caudales
Mi corazón se estruja sobre el pecho
Cuando el dolor me adormece hay días oscuros
Cuando el dolor despierta hay días brillantes
Al llegar la tarde se adormecen mis sentidos
Y tengo que beber de jarros oscuros para seguir respirando
Si no bebiese ni atacase mis nervios
Acabaría derramándome por las esquinas
Incapaz de contener mi corazón dentro del pecho

lunes, 29 de febrero de 2016

Anuncios por palabras

Relajación:
Dulce desnudo acompaña al sueño
Revertiendo las campanas melódicas,
Sirviendo libélulas y tragaluces,
Como una duermevela de oro.

Depresión:
Triste cuento solitario y mojado
Adormece sus libretos sobre el escenario,
Anestesia el cuerpo hasta lo más profundo,
Y llora cuando no siente nada.

Enfermedad:
Suave campo tapizado con sangre
Busca simiente que lo bautice de negro,
Cuenta con gotas mientras se hincha,
Como una vida que se rompe despacio.

Ansiedad:
Juego de cuchillos que se alojan en el pecho
Buscan recuerdos que convertir en polvo.
Prensa hidráulica llena de avaricia
Ataca siempre al amanecer.

Amor:
Corazón en bucle atrapado en una galaxia
Busca salida de laberintos tan grandes.
Corazón en bucle atrapado en la oscuridad,
Busca encontrar de nuevo la luz.

lunes, 20 de abril de 2015

Un rayo.

Hace un tiempo, solía pensar que me iba a convertir en un superhéroe. Que iba a recorrer las esquinas de esta ciudad acechando ladrones.
No sé por qué he entrado en este pensamiento. Los bucles a los que me voy derivando tras traspasar la frontera de la psicodelia.
La habitación desordenada. Alguna especie de neblina flota             sobre el suelo.
                                      

No hay dolor.
Un colchón gris, con manchas evoca los momentos en los que crucé la línea y me despegué de todo.
Un ruido lejano, como el humo de un barco resuena a lo lejos, envuelto en los suburbios de un eco.

Mi mente divaga.               En círculos.           A veces avanza en línea recta sobre una autopista de colores.                         La luz que se filtra sobre los tablones de las ventanas entra como un rocío de plasma.          Un cenicero volcado sobre los haces solares deja las partículas de polvo flotando alrededor.

El ruido.
¿Qué demonios?

La realidad ha vuelto de golpe. Alguien grita. El mundo se arremolina por ahí fuera. Se retuerce y desespera. Repta por su invernadero de plástico ceñido. Ahoga sus orificios sobre la superficie tapada con su segunda piel que le hace sudar. 
Hace tantísimo ruido....
Hijos de puta.
Hijos de la grandísima puta.
Malditos hijos de la grandísima puta. 
¿Qué coño están haciendo? ¿Porquédemoniosnoseestánquietos?estánprovocándomedolordebarriga.
Han metido la realidad en mi estómago y se retuerce contra mí. Está en mi cabeza y achucha las paredes de mi cráneo hacia afuera.                Grito.

- ¡¿Qué cojones estáis haciendo?!

Parece que ya hay silencio. Escucho a alguien llorar. 




 Que se joda.


Que se joda y bien. Joder. Todo iba perfectamente. Hasta que llegó quienquieraquefuese. 
A lo mejor necesita algo.
A lo mejor tiene algún problema.
Probablemente su llanto sea culpa mía. Sus lágrimas delatoras. Me incorporo despacio. Me siento. Trato de escuchar en silencio.
Sí.
Hay alguien ahí. Alguien está al otro lado de la puerta. Alguien llora al otro lado de la puerta. Chitón. Es otra vez ella. Esa puta. Resoplo mientras me vuelto a tirar al colchón. Joder.
La luz entra de golpe a través de los tablones, invadiendo mi intimidad. Las paredes grises, marrones. El mal olor de excrementos y meados. Otra vez. ¿Dónde está mi medicina?
Busco. 
Sigo buscando. Me incrementa el pulso. Una sensación, como de algo podrido en mi diafragma, como un peso que me empuja hacia el suelo comienza a aparecer. Mi cabeza está ligera, los ojos abiertos, las orejas focalizadas en la búsqueda. Hay una alteración en el llanto.
Algo la ha hecho reirse. A lo mejor no. Sí, algo la ha hecho reirse. Sehareído.
SEHAREÍDOSEHAREÍDOSEHAREÍDO. HIPERVENTILO.

Me siento de culo en mitad de la habitación. Sobre los tablones mugrientos, sobre los clavos oxidados. Mirando a las ratas a los ojos. Mirando a los pocos objetos que tengo. Putaputaputaputa ...
Lo va a pagar caro.
Abro la puerta. Deprisa. Raudo.                          Allí está.                          Tiene los ojos mojados.
Marrones. Cruzados por la luz. Iluminados como una cara después de un puñetazo. Contraída la expresión. Congestionadas las vías respiratorias.
Me mira.
No hay dolor.
Me abraza. Hay algo cálido recorriendo mi interior. Una salamandra de fuego recorriendo mis tripas.
Me besa los hombros. Llueve fuera. La luz ha bajado progresivamente. La habitación parece azul y menos sucia.
De la mano me coge. Pasillo. Cocina.
Encimera. Frigorífico. Leche. Alguien me está hablando.
¿De dónde viene esta sensación tan agradable?
Cierro los ojos. Comienzo a escuchar los ruidos de la comida preparándose. El olor afilado y grueso del chocolate vertiéndose en una taza. Los cubiertos chocando contra un plato.
Los cubiertos chocan uno con el otro. Brillante sonido. El agua cae sobre los coches fuera. Es un sonido repetitivo.
El sonido se repite. Se sigue repitiendo. Sigue repitiéndose. El sonido.
Algo se mueve dentro de mi interior. Gusanos. Lo cotidiano otra vez entrando dentro de mí. Trato de reprimirlo. Ella está haciendo un gran esfuerzo. La comida está ahí. No necesitas otra dosis.
No necesitas otra dosis. No necesitas otra dosis... NONECESITAS NONECESITASNONECESITAS.
Rayo. Segundos. Trueno.
Cae. Al suelo. La sangre le sale a borbotones del cuello. Un charco pequeño. Más grande. Más y más grande.
Plata y luz en mi mano. Metal. Estalactitas dentro de mí.
La pared sube por mi espalda. El suelo sube para asentarme. Delante mía unos ojos. Parecen pedir ayuda. Los miro. Temblar. Apagarse.
Mis rodillas sobre mi barbilla.
Silencio. Silencio.
Silencio.
Silencio.
Si...