miércoles, 15 de octubre de 2014

Ozymandias

Ozymandias - Percy Shelley (haced click en el link para escuchar el poema recitado)

I met a traveller from an antique land
Who said: Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert... Near them, on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown,


And wrinkled lip, and sneer of cold command,
Tell that its sculptor well those passions read
Which yer survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them, and the heart thad fed:
 

And on the pedestal these words appear:
'My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye Mighty, and despair!'


Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare
The lone and level sands stretch far away.


Conocí a un viajero de un antiguo país
que dijo: «dos enormes piernas de piedra
se yerguen sin su tronco en el desierto... junto a ellas, en la arena, semihundido

descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido
 

y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,

 a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.
 

Y en el pedestal se leen estas palabras:
"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!"
 

No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden las solitarias y llanas arenas

viernes, 10 de octubre de 2014

Let them talk.

El sonido estirado se acopla a su límite,
imbuyendo de tranquilidad la umbría
y delicada calma de la noche descalzada.

El olor del jazmín mezclado con vapores,
discerniendo en neblinas la ausente
y potencial dirección del rocío vácuo.

Otras veces el sonido se encoge y arrastra,
iluminando con su sinceridad la corriente
y extrema suciedad del día  acostado.

Algunos días los humos de licores,
mezclando debajo de las farolas los pasos
y llantos de los caminantes cotidianos.

Y todos los días me acaricia el blues.

lunes, 22 de septiembre de 2014

El demonio.

Sans cesse à mes côtés s'agite le Démon;
II nage autour de moi comme un air impalpable;
Je l'avale et le sens qui brûle mon poumon 
Et l'emplit d'un désir éternel et coupable.
Baudelaire.


En el balcón mirando las estrellas yo y el demonio,
a mi alrededor se revuelve entrando en mi cabeza,
penetra en mi estómago y descansa sobre mis hombros.
Baila encima mía, como un instante más nítido.

En la oscuridad del silencio pasea sus pies de humo,
descalza sus uñas y arañan mis hombros, desenfocando
un prisma sobre las estructuras de mi pensamiento,
arando después las tierras baldías de mi garganta.

Sonríe difusamente cruzando los brazos corruptos,
me dibuja anillos siniestros de fuego en la sien.
Contiene mi aliento esperando que me hunda el pecho,
 retiene el humo en mi cabeza, esperando que lo suelte.

Horada mi voz con escenificada presencia,
cubre mis silencios con su humo sulfúrico,
vierte veneno oscuro de bosque en mis oídos,
y pronuncia veladas tentaciones y amenazas.

Arrugando la voz clava agujas en mi nariz
y le brillan los ojos cuando mi sangre es polvo.
Cuenta uno a uno los astros que tiritan en el cielo,
en el balcón mirando las estrellas yo y el demonio.
     

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Septiembre.

El sol de verano se apaga cada vez más en las farolas de las calles. Andando las recorro bajo los últimos acordes de un atardecer moribundo. Se acaba el verano y ya no es relativo a la niñez sino al abandono que deja en mí este hastío de altas temperaturas. Este falso séptimo mes me abandona con nueve recuerdos por siempre grabados en la memoria. 
A mi vuelta todo habrá cambiado, ya no estarán los gatos cerca de su casa jugando en los tintineos del atardecer derretido. Ya no escucharé amanecer desde la mía a oscuras tras las negras cortinas del sueño. A mi vuelta no sabrán igual tus besos ni me acompañarán los acordes de mi música camino de mi hogar cubierto en la tranquilidad de mi propia libertad. No encenderé la chispa en tu mirada, ni me recorrerá el bálsamo de tu risa, sanando mi mente, cuando te metes en el agua. No habrá más bailes en el infierno, no habrá más formas de mostrar sinceros nuestros cuerpos, envueltos en gruesas capas; ni encuentros fortuitos, soñados en los ojos de las bestias que refrescan la noche.
Y, sin embargo, a mi vuelta, seguirán igual de vivos tus ojos, serán dos gemas engarzadas en el frío del invierno, y podré refugiarme en ellos. Y contarte desde ahí mil millones de historias que nos lleven a un silencio nocturno. Podremos escuchar mil millones de melodías nuevas, darnos, de nuevo, mil millones de besos.
Y sobre todo podremos contarnos, cómo se puede sobrevivir todo este tiempo sin vernos.

martes, 9 de septiembre de 2014

Fuera.

Al agrietarse los muros de la torre de marfil,
las esferas de cristal resquebrajan su diámetro,
recorriéndolas un escalofrío de color de trueno,
conteniéndo la respiración quebrando el pecho.

Al desaparecer las llamaradas que te dan calor
en estructuras de plata como un esqueleto
te cubren finas capas de hielo envueltas en seda
y del payaso que asoma su resorte eres la presa.

De repente, atruenan los fragmentos resquebrajados.

Pétalos de distancia cubiertos por un fragmento helado,
soledad en cubitos, para bebésela de un trago bajo el frío,
cuentas de ábacos difusos atraídos por la caída de un imperio.

Silencios mareados, cubiertos de nieve repleta de sangre,
chocolate disperso sobre la materiadel conocimiento.
Las aguas del río complementan los cauces de la  materia.

La creación de tu propio destino viene dada por el silencio,
continuando la invasión de la imagen del espacio-tiempo,
dando a entender que se acaba este estadio cada vez más muerto.

Una llamarada, una luz cubierta en niebla muestra
un espacio de novedad y experiencias azules,
las cuentas, no importan, solamente se ve
la vivencia fuera de la torre de marfil,
fuera de la ciudad, de la cuna donde crecí.
Fuera de la poesía que normalmente germina en mí. 

martes, 5 de agosto de 2014

Cáliz

Oculto detrás de un pliegue entre sus dos ojos
en un rincón de la galaxia de su mirar,
huyendo de todas las palabras del mundo
hay un beso encerrado en la torre del deseo.

Y bebo así de ella, entrando su corazón en mí,
y bebe así de mí, entrando mi corazón en ella.

Caminando sobre su pecho hacia adentro
paso tras paso descalzo recorro su piel,
buscando las balas en donde guarda mi amor
aspirando en bocanadas su olor dulce.

Y bebo así de ella, entrando su corazón en mí,
y bebe así de mí, entrando mi corazón en ella.

Descendiendo por su cuello lleno de vida,
abierto a las inclemencias de la tormenta,
desnudo a los humos y columnas de la noche,
me llama con todas las lágrimas del alba.

Y bebo así de ella, entrando su corazón en mí,
y bebe así de mí, entrando mi corazón en ella.

domingo, 20 de julio de 2014

Gólgota.

Me costó escalar el Gólgota de sus ojos, sangré como un dios. Y mereció la pena. Al llegar a la cima pude percibir todo con lo sentidos agudizados, el abismo, el vértigo. El vórtice del universo que se ampliaba en los bordes del precipicio. La tormenta que criaba sus feroces latigazos de luz, amenazando con golpear el pequeño retazo de piedra en el que me hallaba y al que había llevado mi cruz. Me asustó la orquestación oscura de instrumentos que insistían en atormentar el paisaje al que había escalado. 
No se puede saltar con una cruz al abismo, no se puede llevar una cadena colgando del cuello durante toda la vida. El vuelo no parecía una buena idea. En esto pensaba cuando empecé a cavar el agujero en el suelo, más hondo cada vez. Más adentro de mis recuerdos y mi memoria. Hasta que escuché mi nombre. Comenzó como un pequeño murmullo, un susurro tal vez, progresivamente se iba musitando más fuerte, como si los picos de la comisura de los labios dejasen que se escapase el sonido cada vez más, como una cara que se rompe en una sonrisa y permite a las vibraciones salir más fuerte. Salí de mi agujero. 
El abismo seguía allí, más amenazador y atractivo que antes.
El salto fue de fe. Sin carrerilla ni impulso. Un lanzamiento de cuerpo hacia el vacío y la negrura, abandonar el monte lleno de sangre en sus entrañas, un drama y un montículo de desesperación. Conforme caía sentía cómo olvidaba la cruz y el Gólgota, las lágrimas en Getsemaní, la oscura orquestación, los rayos y los truenos pasaban a ser lanzas en mi pecho, descargas discretas en la penumbra y la caída.
Al caer cerraba los ojos por la velocidad, me transformaba en agua y velocidad. La calma llegó de forma súbita al perderse la adrenalina y la aceleración. Abrí mis nuevos ojos, saboreé con mi nueva lengua, toqué con mis nuevos dedos y respiré con mis nuevos pulmones el aire suave y cálido que venía desde todos lados, con olor a mar.
Ante mí se expandía un espectáculo sobrecogedor, sus ojos ya no eran más un Gólgota sino una pista de atardecer nebuloso, un sol invisible y anaranjado que abandonaba la esfera, superpuesto a un millón de puntos que enviaban agujas de luz hacia el infinito a través de mil formas inconexas. Un prisma de luz, una telaraña plateada sobre la visión de un caleidoscopio. Una imagen acelerada que desviaba sus rayos hacia el infinito.
Tumbado sobre la nada me iba quedando dormido, observando todo el espectáculo, respirando, tocando, mirando, saboreando. Girando sobre el nuevo borde que ante mis pies se extendía, viendo cómo la luz lo invadía todo, iluminando el exterior y mi interior, transmitiéndome su calor y su energía y jamás volví a sentirme solo entre los millones de puntos que venían de mi lado, de más allá y de los recónditos pliegues del mundo infinito.